El pasaporte es mas importante que tu vida

El uruguayo tenía una obsesión con su pasaporte. No estoy segura que tipo de trauma tiene que tener uno para sentir que perder el pasaporte es casi tan trágico como perder un miembro. Lo cierto es que cada vez que llegaba a un hostel, el uruguayo guardaba el pasaporte y todos sus objetos de valor abajo del colchón de su cama. “Por seguridad” me repetía todo el tiempo, en voz baja, como si hubiese una legión de ninjas esperando que se descuide para robarle la identidad.

Esta característica contrastaba un poco con el resto de la personalidad despistada del uruguayo. Mi teoría era que toda la energía y atención que no le dedicaba al resto de las cosas, estaban puestas en salvar su pasaporte. Es por eso que durante las 6 cuadras que nos separaban del consulado vietnamita, el uruguayo caminó con la mochila puesta sobre el pecho, sosteniendo el bolsillo donde estaba el pasaporte como si estuviese sosteniendo una granada.

– “El pasaporte es más importante que tu vida” Me contestó cuando le pedí que se relaje. “Si lo perdés acá, EN CHINA, olvidate, no volvés nunca más a tu país.”

Y después añadió: “creo que tengo taquicardia”.

Por suerte llegamos al consulado antes de que el estrés le produzca un infarto. Nos atendió el mismo hombre que el día anterior había estado fumando en el cordón de la vereda, sólo que esta vez lucía una camisa blanca inmaculada y un saco azul. Todo fue risas y diversión hasta que dijo la frase más temida por el uruguayo:

-“Van a tener que dejar sus pasaportes acá por 48 horas”

Me anticipé a la tragedia preguntando si no había una opción más rápida.

-“Hay una opción inmediata pero te va a costar 150 dólares más cara”.

El uruguayo desembolsó rápidamente 150 verdes y se los extendió al hombre, que volvió a los 20 minutos con su visa. Yo no tenía 150 dólares pero tenía mucho tiempo, así que le dejé mi pasaporte al buen hombre y acompañé al uruguayo a comprar su pasaje a Vietnam para el día siguiente.

A las 7 de la mañana el uruguayo me despertó para despedirse sin mucha ceremonia, aunque en ese momento no sabíamos si nos íbamos a volver a ver en China, en Vietnam, en Uruguay, en Argentina o en algún otro lugar del mundo. En realidad, no sabíamos siquiera si nos íbamos a volver a ver. Cuando escuché que la puerta se cerraba y el cuarto se quedaba vacío, se me ocurrió que tal vez me tendría que haber levantado a darle un abrazo o algo. Me acuerdo que pensé “soy la peor amiga del mundo”. Por suerte la vida me dio la oportunidad de redimirme en las horas subsiguientes.

Como el cuarto era muy caro para una sola persona, después de desayunar salí a buscar un hostel más barato. Hice el check out y caminé hasta encontrar un hostel bueno bonito y barato muy cerca de la estación, pero no pude hacer el check in porque no tenía mi pasaporte conmigo. Volví, entonces, al viejo hostel a rogar que me dejaran dormir ahí la última noche. Cuando llegué, el recepcionista estaba hablando por teléfono y se puso muy contento cuando me vio entrar.

-“Que suerte que volviste, no sabíamos cómo contactar a tu amigo”.

– “¿Qué pasó?”

Mil cosas se me pasaron por la cabeza pero nunca pensé que el hombre me iba a decir:

– “Encontramos el pasaporte de tu amigo abajo del colchón”.

El pasaporte. El uruguayo se había olvidado el pasaporte abajo del colchón y tenía que cruzar una frontera internacional.

Yo no creo mucho en “el destino”, pero que justo ese día hayan decidido cambiar los colchones de todas las camas singles del hostel, que justo el recepcionista era el que nos había pedido una pizza hace un par de noches y por eso se acordaba de nosotros, que no me hayan aceptado en el otro hostel porque no tenía pasaporte para hacer el check in y que yo haya decidido volver al viejo hostel en vez de probar suerte en otro, eran demasiadas casualidades juntas.

Le mandé un mail al uruguayo con una sola frase en el asunto: “Te olvidaste el pasaporte, boludo”. En menos de tres minutos me llegaba su respuesta. El uruguayo pensaba que había perdido el pasaporte y estaba paralizado de los nervios en Pingxiang, la frontera con Vietnam. Quedamos en que me iba a esperar en la estación para cruzar la frontera juntos, y así fue como fui a retirar mi visa y me tomé un tren de 6 horas hasta la frontera con Vietnam.

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