No hay mejor salsa

Viajar por China tiene una ventaja que es también una desventaja, dependiendo de cómo se la mire. Para mi, las grandes distancias que separan una ciudad de otra eran una gran desventaja, ya que mi plan era recorrer la mayor cantidad de lugares en el menor tiempo posible. Por lo tanto, un bus de 5 horas para ir a una ciudad que tenía como único atractivo el consulado de Vietnam me parecía un despilfarro de tiempo y recursos. Para el uruguayo, por otro lado, las grandes distancias eran una ventaja. En 5 horas podía terminar el libro que estaba leyendo, escuchar el disco “Artaud” de Spinetta, mirar contemplativamente por la ventana y resolver alguno de sus dilemas existenciales. Ese tiempo que yo consideraba “tiempo muerto” era una parte muy importante del viaje del uruguayo. Con el paso de los días yo también aprendí a disfrutar de ese tiempo, pero ese viaje en bus de Yangshuo a Nanning fue particularmente letal. Llegué a Nanning de mal humor, cansada y con hambre.

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Fuimos con las mochilas al consulado vietnamita porque la idea era pagar la visa y partir en el próximo tren; pero nos encontramos con que el consulado estaba cerrado. Eran las 3 de la tarde de un día de semana, no se explicaba por qué el consulado estaba cerrado. Afuera, sentado en el cordón de la vereda con una camiseta blanca, pantalón de vestir y fumando un cigarrillo, estaba el cónsul de Vietnam:

-“Vuelvan mañana, hoy cerrado”.

No queríamos discutir. Buscamos un hostel cerca de la estación de tren, dejamos nuestras cosas y salimos a comer. La primera impresión que tuve de Nanning no fue buena, pero tampoco me tomé el trabajo de investigar si había alguna parte de la ciudad que no pareciese un parque industrial. Muchos meses después de haber vuelto de este viaje, mientras hojeaba mi vieja guía turística de China, leí que a Nanning se la conoce como “la ciudad verde” debido a su gran cantidad de parques (el Wen Wu Yan y el Renmin park aparentemente son internacionalmente conocidos). Inclusive tiene el jardín de plantas medicinales mas grande de la provincia de Guangxi y unas cavernas antiquísimas que hacen las veces de hogar para los personajes mitológicos de la región. Maldije mi pereza mental de aquel martes a las 3 de la tarde.

Mientras buscábamos un lugar para comer que tenga un menú en inglés, el uruguayo se dio cuenta que tenía su pasaporte en el bolsillo del pantalón. Lo vi entrar en una especie de pequeño ataque de pánico. Resulta que el uruguayo era perfectamente consciente de su personalidad caótica y despistada, y tenía mucho miedo de que el pasaporte se le caiga accidentalmente del bolsillo. Traté de tranquilizarlo, de decirle que sus bolsillos eran lo suficientemente profundos, que íbamos a comer y volvíamos, que yo podía hacerme responsable de su pasaporte hasta que estemos de vuelta en el hostel. Pero el uruguayo ya estaba volviendo sobre sus pasos y gritándome que no se iba a demorar, que coma en algún lado y que nos encontrábamos por ahí. Caminé un par de cuadras más y entré en una cafetería de esas que parecen ser el living de la casa de alguien, con manteles de papel y dudosa higiene.

La moza se acercó rauda con el menú, íntegramente en chino, asi que señalé cualquier cosa y levanté el pulgar como preguntando si ese plato era recomendable. La mujer asintió y salió disparada a la cocina. Al poco tiempo volvió con un plato de una especie de estofado con algunas verduras y arroz.

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Estaba feliz con mi elección hasta que un hombre vestido de traje se sentó en la mesa de al lado y miró mi plato con cara de desaprobación. Yo lo ignoré, pensando que comer carne no era muy común en China y que su cara de sorpresa y repudio era dirigida no sólo a mi, sino a todos los carnívoros del mundo. Pero al poco tiempo de haber empezado a comer, el hombre se me acercó y me saludó en inglés. Intuí que estaba por tener uno de esos tan temidos argumentos en los que un vegetariano me pregunta si no tengo ningún tipo de amor y respeto por el ser vivo que tengo en mi plato. Pero estaba equivocada. Lo que vino después me descolocó a tal punto que me quedé sin aire. El hombre me dijo algo que yo me negué a aceptar inmediatamente. Mi cerebro se quedó procesando la información durante varios segundos. Ante mi evidente falta de respuesta, el hombre se sintió obligado a repetirme lo que me acababa de decir:

– “Estás comiendo carne de perro”.

No. Imposible.

-“No se si lo pediste sin querer, o a propósito, pero gǒu ròu significa literalmente carne de perro”. El hombre señalaba en el menú el nombre del plato que yo había señalado cuando hice mi pedido ignorando completamente lo que estaba pidiendo.

Una náusea me subió del estómago directo a la garganta y se quedó ahí instalada hasta mas o menos el día de hoy. Aparentemente el consumo de carne de perro es muy común en la provincia de Guangxi, especialmente en una ciudad a pocas horas de Nanning llamada Yulin. En esta ciudad se festeja todos los años el festival de la carne de perro, en donde se matan aproximadamente 10 mil perros durante diez días para conmemorar el solsticio de verano.

-“Me imaginé que no sabías lo que estabas comiendo”. El hombre volvió a mirar su menú, y quedó absorto entre sus opciones gastronómicas. Yo pagué y me fui a un bar a lavar el gusto del estofado misterioso con varios vasos de cerveza.

Volví caminando al hostel un poco revuelta y preocupada porque el uruguayo no había dado señales de vida. En todo el camino de vuelta no me crucé ni con un solo perro callejero.

Entré en el cuarto y el uruguayo estaba tirado en la cama dedicándose al ocio contemplativo, como buen uruguayo, y comiéndose una pizza de mozzarella.

-“¿De dónde sacaste eso?” Le pregunté con hambre y envidia.

– “Le pedí al tipo de la recepción que me pida una. ¿Querés?”.

Me abalancé sobre los restos de pizza porque no había comido nada desde las tres de la tarde y porque amo Italia y todo lo que hacen los italianos. Especialmente la comida.

-“¿Qué te pasó?” El uruguayo me miraba preocupado. “¿No comiste nada en todo el día?”

-“Peor”. Le contesté con la boca llena. “Comí perro”.

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One Comment Add yours

  1. teodelinab says:

    increiiiiiiiiible !!!!!!!!!
    Ya venía pensando desde el principio del relato lo osada que eras en apuntar un plato al azar!
    Ja ja ja
    Por las dudas ya aprendí cómo se dice perro en chino

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