El Uruguayo

– “Soñé que íbamos a la muralla China”.

El uruguayo dormía en la cama de arriba del hostel que había sido mi casa durante los últimos meses. Todas las mañanas nos sonaba el despertador a las 7am para ir a trabajar y casi nunca hablábamos hasta después del primer café porque yo no consigo formular frases coherentes hasta mucho después del desayuno.

Pero esa mañana, mientras yo trataba de despegar los párpados, la voz del uruguayo me llegó fuerte y clara:

– “Soñé que íbamos a la muralla China”.

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En estas condiciones lo conocí al uruguayo

Creo que le contesté algo sacado del sueño que estaba teniendo, como “pasame más palta” o algo asi; tal vez hice un sonido gutural tratando de decir “pasame más palta”, no lo recuerdo. Lo que si recuerdo es que ese día fui a trabajar, fui al cine con mi noviecito de turno y me junté con unos amigos para tomar una cerveza. Nunca le mencioné a nadie el sueño del uruguayo ni yo misma le di mucha importancia. Pero sin que me de cuenta, la idea de viajar a China había empezado a germinar en mi mente.

Con el paso del tiempo, la idea fue cobrando más fuerza y vida. Empecé a ver documentales, a leer libros, a preguntar precios de pasajes tratando de parecer desinteresada, como cuando se preguntan los precios de cosas que uno ya sabe que no puede pagar.

Y un día, mientras tomábamos mate en el hostel, el uruguayo me contó que estaba ahorrando para irse a China.

– “No sabía que tenía tantas ganas de ir hasta que soñé que íbamos a la muralla”

Yo no podía pensar en otra cosa, pero necesitaba que alguien más lo verbalice. Necesitaba que alguien que trabaja en un café y que duerme en un hostel barato me haga sentir que viajar a China con poca plata era posible. Ese día, tomando mate en el hostel, el uruguayo y yo empezamos a planear nuestros respectivos viajes a China.

La idea nunca fue viajar juntos, pero nos prestábamos las guías turísticas y nos manteníamos motivados. En ese momento yo no podía ni concebir la idea de viajar con el uruguayo. Es la persona mas buena que conozco, pero también es el hombre mas desordenado del mundo, rompe todo lo que toca y estoy segura de si no fuese un reflejo involuntario hasta se olvidaría de respirar. Era como vivir con un cachorrito.

Él fue el primero en sacar pasaje. No comparó precios, ni nada. Fue y lo sacó. Le salió una fortuna. Yo, por mi parte, investigué un poco más y conseguí una buena oferta por un pasaje abierto para entrar por una ciudad y salir por otra. Este arreglo era perfecto porque mi idea era dar la vuelta al país empezando por la moderna ciudad de Hong Khong y terminando en la milenaria Beijing. Todo empezaba a tomar forma.

Dos semanas después de la partida del uruguayo y sin tener noticias suyas, me embarqué en mi propia aventura suponiendo que él ya se me había adelantado un par de ciudades. Por eso, cuando me lo encontré caminando tranquilamente por las calles de Yangshuo, no pude contenerme de la emoción:

-“Uruguayyyyyoooooooooo!!!!

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Ahí estaba el uruguayo, cruzando la calle con la matera al hombro, camino a la estación de buses para visitar una ciudad cercana llamada Xiang Ping. El abrazo que nos dimos casi me quiebra las costillas. Esa fue la primera vez de varias veces que me crucé con el uruguayo exclusivamente por obra y gracia del destino, en un país de andá a saber cuántas billones de personas y en la época en la que el acceso a internet era un bien de lujo. Naturalmente me fui con él a Xiang Ping porque estaba necesitando un poco de mate y un poco de esa paz que generalmente irradia lo cotidiano conocido.

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Nos alquilamos unas bicis, anduvimos por los arrozales, escalamos un monte, comimos caracoles y otras delicias culinarias en un lugar al lado del río. El uruguayo me contó que al día siguiente iba a tomarse un tren a Nanning, una ciudad al norte de Yangshuo, para sacar las visas correspondientes y cruzar la frontera a Vietnam y Camboya
. Hasta ese día yo no había considerado cruzar a Vietnam pero de repente me pareció una buena idea. Mientras comíamos caracoles cocidos en agua de río y tomábamos cerveza caliente, nos entusiasmamos armando un posible itinerario por el sudeste asiático.

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Comiendo caracoles y tomando cerveza sin marca de una botella de Coca Cola (?)

Sin embargo, estaba implícito que no íbamos a viajar juntos. El uruguayo estaba en un viaje
de introspección y contemplación, yo estaba en un viaje de expansión y aprendizaje. Quería ver la mayor cantidad de cosas posibles, quería probar todas las comidas y aprender un poco de cada región. El uruguayo quería tomar mate, mirar el horizonte, resolver su vida y todos los problemas del mundo mientras cambiaba de paisaje. Los dos estábamos de acuerdo en que no queríamos discutir, y teníamos la vaga intuición de que mi estilo de viaje iba a chocar fuerte con su estilo de viaje. Decidimos que íbamos a viajar juntos hasta que nuestros caminos se bifurquen naturalmente. Ninguno de los dos dijo nada, pero los dos sabíamos que el otro también pensaba igual.

– “Te acordás cuando soñé que íbamos a la muralla China?”

El uruguayo me cebó un mate. Sentía que habían pasado años desde aquel día. Y ahí estábamos, comiendo caracoles en China, a exactamente 2.042 km de la muralla. A exactamente 2.042 kilómetros de, literalmente, cumplir un sueño.

 

 

 

 

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2 Comments Add yours

  1. teodelinab says:

    me encantó!!
    Me pasó lo mismo que el uruguayo: Soñé que íbamos a un lugar alejado de la civilización, entre montañas, al que solo se llega a caballo y de noches estrelladas.

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    1. Que lindooo y dónde era? Escribí, escribí! 🙂

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