Trampa turística

Después de haber pasado una noche durmiendo en una cama redonda y escuchando una batería de sonidos que lamentablemente voy a tardar mucho en olvidar, salí del hotel con mi mochila al hombro saludando alegremente a la perpleja recepcionista. Por suerte ya tenía donde pasar mi segunda noche: la casa de mi tío Miguel, que…